lunes, 23 de junio de 2008

“INFORME PRELIMINAR ACERCA DE LOS MEGALITOS DE EL QUISCO”



Por: Sergio Fritz Roa




Hace más de diez años mientras yo disfrutaba de la agradable costa central chilena, en el balneario de El Quisco, en la región de Valparaíso, me percaté de las curiosas formas de ciertas rocas. Y así, por ejemplo, una de ellas parecía el rostro de un noble indígena con un tocado; más allá había ciclópeos rostros humanos de facciones bastante duras; en otro lugar, inmensas rocas superpuestas, y, sin duda, labradas, dada la perfección de las superficies. A todo ello se agregaban figuras pétreas representando animales. Al menos la existencia de una rana y una tortuga eran del todo innegables. Posteriormente mientras continuaba mi andar, descubrí dos “piedras tacitas” (claros signos de la presencia indígena en tierras chilenas) y algunas formaciones semejantes a muros y escalas, entre otras cosas no menos asombrosas.

Me llamó la atención que este verdadero centro antiguo haya sido totalmente desapercibido, tanto para veraneantes como para investigadores. No existía ningún libro o ensayo sobre estos megalitos. Por tanto, me decidí a investigarlos, aunque debido a diversos motivos de orden estudiantil y luego laboral me hicieron retrasar los trabajos necesarios. Luego del descubrimiento de los megalitos, he ido solo en tres ocasiones a El Quisco, siendo la última vez unos siete años, a lo menos. Por tanto, las fotografías que acompañan esta investigación no son del todo actuales. Pero el tiempo no pasa en vano, y la meditación, la lectura y las conversaciones que he tenido con algunas personas de gran valor me han permido avanzar en ciertos aspectos. Fruto de lo anterior es mi pequeña monografía “Los megalitos de El Quisco y su simbolismo protohistórico” (inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual con el N°170.660), de la cual son las fotografías que se acompañan en el presente sitio web, y respecto de las cuales espero atento sus comentarios al siguiente email: sergio_fritz@yahoo.com. No está de más recordar que la presente página se irá renovando no sólo en cuanto a fotografías sino a comentarios e hipótesis, en la medida que yo avance en las investigaciones. En virtud de lo anterior sugiero revisar este sitio con relativa frecuencia.



Antes de presentar mis teorías al respecto, debo manifestar mis agradecimientos especiales a Francisco Miranda, experto en conservación del patrimonio cultural y encargado del archivo audiovisual de la Universidad de Chile; a Jorge Fuentes, licenciado en Historia de la Universidad de Chile y posgrado en pedagogía de la Universidad Católica; y a Muhammad ibn Marchinatu, profundo estudioso de las tradiciones espirituales y su simbología. Todos ellos han permitido que mis intuiciones tomaran una forma concreta y me han decidido ha publicar definitivamente mis investigaciones.


En síntesis, las primerizas investigaciones que he llevado a cabo respecto a este centro antiguo me han permitido establecer lo siguiente:


1) En un balneario del Chile central, llamado El Quisco, existió un importante centro indígena cuyos vestigios son principalmente pétreos.
2) Aun cuando es difícil datar la edad de la construcción de tales monumentos, sin duda se trata de elementos anteriores a la llegada de los españoles a estas tierras, y es casi seguro que sean incluso mucho más antiguos que las poblaciones indígenas que la ciencia oficial asigna como las más remotas para esta zona, como por ejemplo los Complejos El Bato y Llolleo (las que habrían vivido hacia el 300 a.c hasta el 700 d.c). A mi juicio, los menhires hallados pertenecerían a una cultura protohistórica de la cual casi nada conocemos.
3) La cultura que se desarrolló en El Quisco puede estar relacionada con otros centros que se hallarían en la costa central chilena, especialmente con Rocas de Santo Domingo, donde el investigador Oscar Fonck Sieveking (quien es hoy de alguna manera perpetuado por el historiador Rafael Videla, el cual ha expuesto interesantes hipótesis sobre dicho sitio) realizó entre otros hallazgos el de “La Piedra del Sol”, un monumento de estilo y envergadura semejantes a los menhires de El Quisco. Es de notar que se han hallado en Rocas de Santo Domingo formas pétreas que representan animales, incluso una tortuga, especie que también se encuentra en la zona arqueológica que yo descubriera, lo que demostraría mi tesis.

Por último deseo indicar algunas sugerencias que pueden servir al entendimiento de los menhires de El Quisco y de otros lugares ubicados en Chile.

a) Creo que el estudio del simbolismo existente en las rocas de El Quisco, especialmente simbolismo animal y la presencia del número cinco a través de los cinco calados en una de las “piedras tacitas” cuya forma es triangular, permitiría ubicar esta cultura en algunas de las etapas del presente Manvatara (ciclo cósmico). Al respecto los aportes realizados por René Guénon serían idóneos.
b) Parece conveniente hacer un estudio más profundo sobre la etimología de El Quisco. Suele decirse que aquélla deriva de la planta homónima. Pero es posible que tenga una relación más directa con palabras como Quzco y otras afines. De ser así, sería un nombre que recordaría al importante centro de megalitos que ahora estudiamos.
c) Muy cerca de estas rocas hay un monte que parece tener una función de orden ritual. También en el lugar de los megalitos existe una cueva que se ubica en un terreno que es propiedad privada. Las excavaciones que pudieran hacerse en dichos lugares tal vez darían interesantes resultados.
d) La existencia de dos “piedras tacitas” confirmaría la función ritual de este centro. De ser así la tesis poco creíble sustentada por algunos arqueólogos según la cual dichas piedras cumplían una labor de preparación de comidas o de tinturas, perdería valor.
e) Es posible que el lugar en comento haya sido no solo un centro ceremonial cualquiera sino incluso uno de gran importancia y que sirviera de observatorio astronómico. Tanto la ubicación como ciertos megalitos podrían confirmarlo. Incluso la existencia de las “piedras tacitas” sería una buena prueba de ello, dado que es factible que esta clase de objetos haya servido para el seguimiento de los astros o para la fijación del tiempo.
f) Imprescindible es estudiar este centro en relación con otros lugares, especialmente cercanos, como el balneario Rocas de Santo Domingo. Pero también con otros más distantes, entre ellos Marcahuasi, donde creo haber encontrado algunas semejanzas de motivos y estilos.
g) Los resultados podrían confirmar la tesis de autores como Roberto Rengifo según la cual hubo una población americana autóctona y que el poblamiento de América (e incluso mundial) fue en dirección sur a norte. Aun cuando esta opinión ha sido duramente criticada por la ciencia oficial, todavía no hay argumentos suficientes para descartarla de manera definitiva. Además, habría que considerar los mitos y leyendas indígenas americanos que suelen referirse a varios tipos de humanidades, las cuales fueron exterminadas por hechos de la naturaleza u otros motivos. Esto se encuentra en concordancia con las tradiciones de todo el mundo, donde se nos habla de distintas edades del mundo. Véase al respecto la tradición griega, irania e hindú.

Es urgente repensar el poblamiento americano, dados los últimos descubrimientos que han ido destruyendo las tesis oficiales migratorias, tanto respecto al movimiento de desplazamiento humano como a la antigüedad del hombre americano. Al respecto, sólo cabe recordar que en Chile, en la localidad de Monte Verde, donde se han encontrado fogones de al menos 30.000 años de antigüedad, en una zona que no habría sido alcanzada por la glaciación, lo que según el arqueólogo Carlos Ocampo demuestra que hubo asentamientos humanos en América anteriores a la glaciación.

h) Una investigación acuciosa requiere de medios idóneos y de un equipo de estudio que incluya arqueólogos, arquitectos, historiadores y personas relacionadas con el conocimiento astronómico/astrológico como estudiosos del saber espiritual tradicional americano.


El cumplimiento de estas sugerencias como de otras que el tiempo irá mostrando permitirá el estudio de una cultura de edad remota que es para la ciencia actual del todo ignorada.